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¿El cerebro y el corazón dialogan entre sí?

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"La filosofía de la ciencia se preguntó alguna vez, a través de un experimento mental, si un cerebro despojado de cuerpo y alimentado a través de tubos podía seguir existiendo”,  comenta Agustín Ibáñez, coautor de una investigación sobre la comunicación entre el cerebro y el corazón publicada en la revista Philosophical Transactions of the Royal Society B.

¿Puede el cerebro existir solo? Tal parece que no, pues el estudio no hace más que respaldar una idea no muy nueva acerca de que no existe una dualidad mente/cuerpo.

Ibáñez es director del Instituto de Neurociencia Cognitiva y Traslacional (Incyt), que realizó la investigación para la que se utilizaron diversos métodos neurocientíficos con el objetivo de analizar la interocepción, nombre que se le da a la capacidad que todas las personas tienen de monitorear los estados internos de su corazón.

El estudio también incluyó la participación de grupos de personas con el mal de Alzheimer, pacientes con demencia frontotemporal y aquellas que sufrieron accidente cerebrovascular. También había un grupo de control.Con ayuda de los métodos neurocientíficos se analizaron tres niveles de interocepción como el del aprendizaje, la metacognición y la percepción. Para ello se les pidió a cada grupo realizar tres tareas: sentir y seguir el ritmo cardiaco presionando un botón, escucharlo con ayuda de un estetoscopio y seguir sus latidos por sí mismos, sin ningún tipo de ayuda.

El objetivo de este experimento era el de comprobar la relación estrecha que existe entre el cerebro y el corazón.

"Hay muchos indicios de que cuerpo y mente son parte de una misma cosa. Por ejemplo, si uno ve películas con contenido emocional positivo, aumenta un componente de la comunicación corazón/cerebro. Por otro lado, hay experimentos que muestran que si uno entrena su capacidad interoceptiva, mejora también en la toma de decisiones”, explica la bióloga Indira García, quien también participó de esta investigación.

También se señala que existe una dinámica bidireccional entre el cuerpo y el cerebro. García explica esto con un ejemplo: “todos sabemos que cuando nos sentimos bien, sonreímos moviendo músculos relacionados con las emociones positivas. Sin embargo, se vio que lo inverso también es cierto: mover las comisuras de la boca hacia arriba -expresar el gesto de la sonrisa- puede hacernos sentir mejor”. 

Fuente: La Nación

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