Pamela Rodriguez: "Pelarnos como una cebolla, para ser más ligeros"

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Ya me lo habían advertido. Cuando mi prima Andrea que es una profunda conocedora de las cartas natales maya me la leyó hace un año y medio, me dijo que el 2015 (mis 32 años ) sería el año de mayores cambios, derrumbes y reestructuraciones de mi vida. 

El pronostico fue de lo más acertado. Todo ocurrió al pie de la letra. La sensación es como si, a la altura de esta fecha el año pasado, yo era una cebolla gigante y pesada, y que con el pasar de los meses me fui pelando, descubriendo y desgarrando hasta llegar llegar a lo que soy ahora: un ser más independiente y ligero. 

Lo importante es que nada se desgarró sin que yo lo decidiera. Bueno, con la excepción de las paredes de mi casa. (Sí. Se derrumbaron las paredes de mi casa, en serio. Fue un caos, tanto que hasta salí en el noticiero. Está demás decir que no advertí ese derrumbe, pero esa es otra historia). Hace un año no me sentía en paz, sentía que había abierto puertas que nunca debí abrir, que serví en mi plato más de lo que podía comer, estaba clara con que había gente en mi vida que ya no pertenecía a ella y que debía salir para abrirle espacio a otro tipo de relaciones. La verdad es que no me gustaba mi estado ni mi forma y, al fin, me decidí. Decidí tomar acciones para no contaminar mi existencia y la de mi hija, para sentirme libre, para poder amar sin dependencias, para vivir en coherencia, para no anularme, para hablar lo que tenía que ser hablado, para no resignarme, para establecer límites, para permitirme cambiar y aceptarme. 

Creo que no hay mal año al que uno haya sobrevivido y que cualquier decisión, por más dura que sea, en pro de la paz, la calma, el bienestar y la ligereza es buena.

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