Juan Infante: "Cerrado por vacaciones"

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En el Perú, poca gente tiene conciencia de la importancia de las vacaciones. La mayoría de compatriotas no se toma ni una semana de descanso al año. Ni teniendo el derecho, ni siendo el dueño de la empresa o trabajador independiente. Si yo tuviera que apostar, diría que no más del 30% del total de trabajadores lo hace e, incluyo aquí, a los dueños de negocios que, en su gran mayoría en el Perú, también trabajan en sus empresas. 

Según la el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, “vacación” es el “descanso temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios”. Esta definición no funciona en nuestro país porque muchos en sus quince o treinta días de vacaciones se dedican a otra actividad que le permita obtener ingresos adicionales a su trabajo regular.

Es por la pobreza, me dirán. Y yo responderé que no es así y que la prueba es que sucede en ambos lados de la tortilla y también al medio. Ejercer el derecho a las vacaciones es una decisión que muchos se olvidan de tomar y eso le hace daño a nuestra sociedad.

Sometamos mis hipótesis a una especie de prueba ácida. ¿Has visto alguna vez la panadería de tu barrio con un letrero que diga “cerrada por vacaciones”?, ¿la peluquería?, ¿el puesto de periódicos?, ¿la bodega? Seguro que no. ¿En los últimos años escuchaste de tu dentista que no te atenderá porque sale de vacaciones?, ¿tu contador alguna vez te derivó a su asistente?, ¿algún taxista ha iniciado alguna vez una conversación con algo así como “la semana pasada estuve de vacaciones…”? Cuando vas al mercado, ¿has visto cerrado el puesto de tu casera del mercado alguna vez en tu vida?, ¿algún puesto con su cartelito de “cerrado por vacaciones”? 

Y, si trabajas en una empresa grande, te pido que pienses las veces que un compañero o compañera de trabajo te ha contado lo que ha hecho en sus vacaciones y si estas realmente incluyeron varios días de descanso y recreación. 

Como ves, los peruanos no tienen costumbre de vacacionar. Creo que algo nos ha dejado amarrados a nuestro trabajo o, para ser más preciso, a la actividad de trabajar. 

El pequeño empresario se convirtió en un esclavo de si mismo, el trabajador independiente no actúa con libertad, quizás por el temor a que lo reemplacen y el dependiente posterga sus vacaciones o las usa para cachuelearse o estudiar.

Esto es una anomalía social. En todo el mundo, quien trabaja, lucha porque se respeten sus vacaciones; aquí, en nuestra tierra, pocos quieren usarlas.

¿Por qué ocurre esto?

Nuestra sociedad está enferma: en todos los estratos sociales estamos obsesionados con el dinero, con comprar cosas y, por esa razón, estamos dejando de lado el vivir experiencias relevantes. Compramos, nos endeudamos, recortamos nuestro dinero disponible para el día a día, y nos obligamos al exceso de trabajo. 

Por su parte, los dueños de negocios no se organizan para delegar su trabajo, no vencen el miedo a cerrar el negocio quince días o no vencen su ambición obsesiva.Quizás sea el trauma por la escasez vivida, quizás la desconfianza en el crecimiento de largo plazo o el tonto planteamiento del “mundo moderno”. 

El asunto es que la cosa es grave: la gran mayoría de familias no goza junta ni una semana completa. Pocos toman aire y se recrean. Por nuestra propia voluntad, nos hemos encarcelado en nuestros centros de labores, amargándonos.

Perder el tiempo es bueno

Hoy parece que tenemos terror al tiempo libre. Hoy, incluso el tiempo con los niños pasa a ser considerado por muchos padres y madres como una pérdida de tiempo. Corremos todo el tiempo hacia ninguna parte y, aun así, tenemos la sensación de siempre estar llegando tarde. 

Yo postulo que el trabajador o el empresario que no se recrea y se distrae de cuando en cuando, pierde valor; que la mente funciona bien cuando está limpia; que la obsesión por tener te quita la oportunidad de ser feliz; que los padres (y las madres) tenemos una contribución indelegable con la sociedad que es la crianza de nuestros hijos.

No era así antes. Cuando yo salí del colegio ya había viajado con mis padres por casi por todo el Perú. Ello sumó memorables experiencias que me hicieron sin duda, mejor niño, mejor estudiante, mejor persona y mejor profesional. Mis padres, claro, no renunciaron a sus vacaciones.

Por : Estar Bien

"Una vida llena de bienestar, es una vida sana y feliz y eso es, sin duda, una vida mucho más fácil." Somos una iniciativa de RIMAC que apuesta por esa convicción y quiere compartirla con todos los peruanos. Porque estamos convencidos que en la vorágine de la vida diaria, no hay nada más importante que bajar un poco la velocidad, aprender a escuchar al cuerpo, al corazón y a la gente que nos rodea; para encontrar ese bienestar que todos buscamos.

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