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La dulzura real no está en el azúcar

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Buscamos el azúcar. Buscamos la dulzura. Cuando estamos tristes, estresados, despechados, vamos por las tardes buscando el chocolatito, la torta o la galleta que nos calme la ansiedad. O, si estamos felices, brindamos con un helado, le regalamos bombones a la chica que nos gusta, un dulce al niño bonito. Y, así, vivimos pegados al azúcar: refinada, más adictiva que la heroína y presente en toda nuestra sociedad.

Sin embargo, no culpemos a nuestro cuerpo por sus antojos. Entendamos que los antojos son señales que nos manda, pero que muchas veces malinterpretamos. Estamos acostumbrados a darle azúcar y a no entendemos las sutilezas de lo que cada antojo puede ser.

Una de las causas de los antojos de azúcar es la deshidratación. Cuando nos da sed, sentimos como un leve “hambre”. En este punto, en lugar de coger el chocolate más cercano, para, y toma agua. No gaseosa. No café. No té. Agua. Puede ser también una infusión sin cafeína. Empieza a reemplazar por líquido las ganas de comer azúcar y mira cómo te va.

La cafeína, por otro lado, nos deshidrata, aumentando las ganas de dulce, y también crea inestabilidad en los niveles de glucosa en la sangre. Luego del pico, viene la bajada, ante la cual buscamos algo dulce que nos eleve rápidamente la glucosa.

El dulce también lo buscamos como fuente de energía. Es importante evaluar que si tenemos muchos antojos de algo dulce puede que estemos exhaustos y buscando energía de esa fuente. Descansa. Duerme suficiente. Apaga el teléfono y relájate un rato. Date un buen baño. Date la dulzura que tu cuerpo está buscando en la comida a través de las cosas que no se comen. Puedes verte con amigos, echarte un buen aceite o hasta pedir un abrazo.

Tampoco olvides la importancia de consumir suficiente grasa. Las dietas bajas en grasas generan antojos de dulce, así como una dieta con proteína insuficiente. El exceso o la falta de proteína también dan antojos de dulce. Cuando hay un exceso de proteína, el cuerpo busca el dulce para equilibrar una dieta muy pesada con algo que eleve y expanda. Una dieta cargada de proteína animal y grasas rancias generan que busquemos luego el “postrecito”, el café o el alcohol para equilibrar la pesadez. Así mismo, un vegetarianismo mal llevado también puede producir ganas de algo dulce como fuente de energía que no está recibiendo del alimento y de las proteínas. Busca llevar una dieta más equilibrada, más en el centro para no oscilar entre un polo y el otro.

Muévete. Haz ejercicio. No hay nada como el ejercicio para levantar el ánimo, mejor que cualquier chocolate, que cualquier helado. Es la mejor manera de reducir el estrés, mejorar el autoestima e incrementar las endorfinas, hormonas que nos ponen contentos.

Para la transición, usa endulzantes suaves como la miel de abejas, la panela o la miel de yacón. La estevia es la mejor opción, por no alterar los niveles de glucosa en sangre. Búscala en hoja, en polvo verde o en gotas verde-oscuras. No uses el polvo blanco que está refinado y es dañino. Come más verduras dulces como el zapallo, la zanahoria y la beterraga. Aprovecha las maravillas del yacón, del cual hablaremos más adelante, como hidratante dulce y regulador.

No te quedes en la adicción al azúcar. Toma agua, come alimentos energéticos de fácil digestión, muévete, baila, abraza a alguien. No reemplaces la dulzura de la vida con un polvo blanco refinado que te vuelve más adicto y ansioso. Busca la dulzura real desde tu propio equilibrio.

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