Sebastián Rubio: "Tingo María, de la selva su cercanía"

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A menudo me preguntan por lugares de la selva no tan alejados y a los que se pueda llegar por tierra sin padecer un camino insufrible. Lugares que estén cerca de una ciudad pero que a la vez permitan vivir la experiencia de estar completamente sumergido en un bosque. Donde se pueda ver flora y fauna sin tener que pagar un costoso lodge. Aunque parezca un pedido imposible ese lugar existe y se llama  Parque Nacional Tingo María.

Para llegar a la ciudad de Tingo María, hay que tomar un bus por la noche y viajar por doce horas desde Lima. Si el presupuesto es más grande que el tiempo, se puede tomar un avión, que te lleva en poco más de una  hora.

En la cuidad hay varios hospedajes; no hay grandes lujos pero sí lugares cómodos y con precios accesibles. Obviamente nosotros optamos por quedarnos con los guardaparques, así que nos fuimos rumbo a el puesto de control Tres de Mayo, donde alquilan camas a muy bajo costo. Si prefieres la aventura puedes instalar tu carpa por un precio simbólico. 

Lo bueno de quedarte en un puesto de control es que puedes conocer a personas que aman lo que hacen, que conocen mejor que nadie la zona  y que te pueden dar información de primera mano sobre los lugares que no debes perderte. Allí conocimos a Diego Zavala, un joven arequipeño fanático de los murciélagos que se hizo guardaparque voluntario para poder investigarlos mejor.

Diego es todo un especialista: todas las noches atrapa murciélagos para medirlos, analizarlos minuciosamente, hacer un registro completo y luego liberarlos. Para ello extiende una delgada malla de niebla en el jardín, la que pasa desapercibida por los murciélagos, quedando atrapados cuando pasan volando. Gracias a él aprendimos que las alas extendidas de un murciélago son como una mano, con piel entre los dedos, y que cumplen un rol importantísimo en el ecosistema, ayudando con la polinización, control de plagas y dispersión de semillas. El parque además alberga especies endémicas, es decir que sólo se pueden encontrar en esa parte de la Amazonia. 

Una buena manera de comenzar la travesía es subir al mirador conocido como "La Cruz".  Desde lo alto, se puede ver la ciudad resguardada por La Bella durmiente, la cadena de montañas que compone el parque nacional y que forma la silueta de una bella mujer en reposo. Me impresiona la cercanía entre la ciudad y el Area Natural Protegida, podría decirse que parte de la ciudad es la zona de amortiguamiento. Me da curiosidad saber si esto no trae dificultades en la protección del área y le pregunto a Freddy, el guardaparque que nos acompaña. Él me cuenta que parte del trabajo es conscientizar a la comunidad y buscar aliados en la conservación. Esto ha dado algunos resultados: por ejemplo, muchos taxistas han dejado la gasolina y han adoptado el gas como su combustible, con lo que, además de ahorrar, contaminan menos. También hay pobladores inscritos como guardaparques voluntarios y que, además de ayudar a cuidar el parque, obtienen fuentes de ingreso. Pequeños avances que van sumando en formar una comunidad comprometida con el cuidado de sus áreas naturales.

Luego de bajar del mirador  visitamos la principal atracción, situada nada menos que entre las piernas de la bella durmiente: la Cueva de las Lechuzas. Este lugar es el más representativo del parque, ya que fue la primera zona protegida de la cuidad, hace más de cincuenta años atrás. La cueva está habitada por aves que fueron confundidas con lechuzas, por ello el nombre. Hoy se sabe que son Guacharos, unas aves nocturnas que se ubican mediante la eco localización. Para llegar a la cueva hay que subir un camino de gradas que conduce hasta la parte media de un cerro. Desde abajo se puede ver a lo lejos la gigantesca boca de la cueva, donde habitan miles de miles de aves. En el último registro hecho, se calculó un aproximado entre seis nueve mil guacharos, pero también hay loros, murciélagos y una cama inconmensurable y crujiente formada por millones de escarabajos en el piso- Afortunadamente, el trayecto abierto a los visitantes tiene un pequeño puente para no tener que pisarlos.

La mejor hora para visitar la cueva es entrada la tarde. Recomiendo subir una primera vez para ver con luz apropiada las estactitas formadas a lo largo de miles de años. La cueva se extiende cuatrocientos metros hacia el fondo y aún no ha sido explorada en su totalidad.


Luego de esta primera visita, podemos observa la salida del río perdido; un río misterioso que se pierde dentro de una montaña y que sale justo por allí. Aún nadie ha podido seguir su rastro completo. Cuando comienza a anochecer hay que subir nuevamente para ver un grán espectáculo. Como toda ave nocturna, los guacharos salen en busca de alimento cuando se pone el sol, así que si te recuestas en la entrada de la cueva verás salir la interminable bandada. 

A la catarata Las Golondrinas se puede llegar en motocar. Se llama así porque dentro anida una colonia de estas aves. En el momento que fuimos nosotros no había muchas, así que decidimos entrar a la cueva que hay detrás. No recomiendo que lo hagan a no ser que sepan nadar bien, la corriente es fuerte y la altura del río sube en ese trayecto. Una vez dentro encontramos una pequeña golondrina herida. Para poder sacarla intacta sufrimos un poco, pero lo logramos y la entregamos a una señora que vivía muy cerca que prometió cuidar de ella.

El parque Nacional Tingo María es conocido por sus cataratas, así que seguimos en búsqueda de dos más. Para llegar a las famosas Gloriapata y salto del Ángel se puede ir caminando desde el puesto de control, es una ruta bonita y está señalizada. La primera es Gloriapata, está más cerca y tiene varios niveles con caídas de poca altura. El salto del Ángel solo existe durante la época de lluvias. Aunque se encuentra al doble de distancia, vale la pena la caminata. La caída es una sola y bastante alta. La experiencia de pararte debajo y sentir la potencia del agua en su máximo esplendor, fuerte, limpia y reparadora, es increíble.

En las grutas cercanas a las cataratas habitan los famosos gallitos de las rocas, pídele a un guardaparque que te indique cómo llegar a uno de los leck de gallitos. Es casi imposible no verlos ya que ellos son muy puntuales, a las cuatro en punto regresan a sus nidos. Solo hace falta paciencia y un poco de silencio para no intimidarlos.

El PNTM me parece un excelente destino para cualquiera, pero gustará mucho a quienes están comenzando a viajar, o quienes no quieren desconectarse completamente ni internarse en las profundidades. La ciudadestá al lado del parque: a gran parte de los destinos se puede acceder en auto o motocar, y dentro los destinos caminables hay para todos los niveles. Efectivamente, Tingo María es la puerta de entrada a la selva.

Datos

  • La única línea aérea que llega allá es LC Perú. Son aviones pequeños y no salen todos los días así que busca el pasaje con anticipación.
  • Si vas por tierra, asegúrate que no hayan huaycos por esos días, de lo contrario el viaje de 12 horas se podría convertir en uno de 35, como nos pasó a nosotros.
  • Cuando vayas a ver salir a los Guacharos al anochecer, lleva un impermeable o una bolsa grande para cubrirte sobre la cabeza por si se les ocurre  dejar regalos sobre ti.
  • Es mejor ir con zapatillas altas porque el suelo está formado, literalmente, por millones de escarabajos. Ellos viven de los desechos de estas aves, los que procesan y convierten en abono.
  • En el sector de la cueva de las lechuzas hay una eco tienda. Los productos que se venden allí son generados por las personas que habitan en la zona de amortiguamiento. Es el lugar ideal para comprar con garantía aceite de copaiba, sangre de grado, miel de monte y café.
  • Cuando vayas a ver los gallitos lleva una cámara con un buen zoom para poder sacar buenas fotos. No olvides evitar llevar ropa de colores fuertes para no espantar a las aves y permitir que se acerquen.
Aunque Sebastián lleva los viajes, como él mismo dice, "en el tuétano", siempre le costó viajar. Cuenta que cuando era chico, le daba miedo ir a los campamentos con el colegio y dejar la casa, aunque fuera solo por tres días, "me generaba angustia y dificultaba la partida". Hoy es un viajero empedernido y está aquí para contarnos sus historias y darnos las mejores rutas de escape.

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